
Nunca un robot dará su corazón / en ofrenda a los dioses de la pena, / o lo verá caerse al precipicio / del no correspondido amor eterno. / Nunca sus ojos de mirada falsa / verterán una lágrima sincera / nacida del dolor o la alegría. / Nunca sabrán que el fuego es un hechizo / que a ellos no hipnotizará jamás; / o que el amanecer existe nuevo / para limpiar los posos de la noche. / Nunca podrán sentir el miedo; nunca / las leyes del deseo entenderán / y nunca se asirán a la intuición / para salvar la vida que no tienen. / Nunca serán sino chatarra fría / incapaz de soñar con los humanos. / Ni el «descansen en paz» les servirá / como último epitafio ante el olvido.
Imagen: Wolfgang Weiser.